miércoles, 26 de febrero de 2014

CAPITULO 61



Chasqueé mi lengua sobre su clítoris e incluso puse mis dientes en
él, mordiendo su carne hasta que oí su grito y cambié a tranquilizador, tan
gentil con un toque suave, presionándola más y más.
—¡Necesito más! ¡Fóllame, Pedro!
Oh, sí, ella estaba más caliente.
Santo infierno, finalmente tenía a mi chica justo donde la quería. Me
volvía loco con su sabor por toda mi lengua, mi sabor, su olor, su calor, su
coño empapado, es la droga del sexo.
—Puedo darte más, nena. Quiero darte más —Saqué mis dedos de
su coño, deslizándolos de regreso en su otro agujero, y bordee la apertura
con mi dedo índice empapado. Se quedó sin aliento en una respiración e
inmóvil. Levanté la cabeza y me moví por su cuerpo, sosteniéndome en un
brazo, la otra mano libre para explorar. Deslicé solo la punta de mi dedo
dentro y me encontré con su mirada. Ella lucía salvaje, sus ojos
quemaban—. Quiero estar aquí, Paula, ¿me dejas follar tu hermoso culo?
—Hable contra sus labios temblorosos y un poco en el fondo, la punta de
mi dedo todavía frotándose en su entrada, esperando por su respuesta.
—¡Sí! —Fue un susurro áspero, pero definitivamente ella estaba de
acuerdo.
Me aparté y la volteé sobre su estómago. Agarré sus caderas en el
aire y abrí bien sus piernas, así yo podría posicionarme en mis rodillas.
Era impresionante. Totalmente extendida para mí, entusiasmada y
aceptándome, y perfecta fuera de las nubes.
Con la mano en mi eje, deslicé la cabeza alrededor de su mojado
sexo, trabajando sobre su clítoris una y otra vez, acercándola más a su
orgasmo y mi polla lubricándose bien.
—Umm —gemí, centrando el extremo de la cabeza contra su
estrecho agujero—. Eres tan jodidamente perfecta… —Me empujé y
penetré solo la punta de mi polla, tratando de abrirla un poco y pensé que
podría fácilmente perderla. Al igual que eyacular antes de estar en su
interior.
Se tensó y arqueo ante mi invasión, así que la relajé de inmediato,
poniendo mi palma en su espalda para sostenerla. —Tranquila… relájate
para mí, cariño. —Se calmó y respiró fuerte, esperándome, sometiéndose a
mis deseos, lista para que la haga mía, y gloriosamente aferrado con sus
músculos mi polla, lista para estallar. No quería lastimarla, pero Dios mío,
pero que espectacular encendido para estar listo como lo estaba, apunto
de reclamar ese lugar definitivo en el que podía fundirme en ella.
Ella se estremeció debajo de mí. —Vas a hacer correr, nena. Te deseo
tanto, pero tú primero. ¡Voy a hacer que te sientas tan bien!
—¡Pedro, por favor, haz que me corra! —Se removió contra la punta
de mi polla, lista para tomarme de todas las maneras posibles. Comprendí
que ella me lo permitía, incluso si era doloroso, porque era una amante
generosa.
¡Señor, ayúdame!
Tomó todo mi control no hundirme en la estirada y misteriosa parte
de ella que todavía yo tenía que reclamar. Lo quería. Lo necesitaba. Pero
quería y necesitaba apreciarla más. Sabía que iba a lastimarla y ella
estaba lejos de estar lista. Teníamos que trabajar en ello—algo que
esperaría con interés. Como cualquier cosa nueva que hiciéramos juntos.
Me encontraba fuera de mi jodida mente justo ahora, y este no era el
momento para adentrarme en su interior anal por primera vez.
—Paula… Te amo tanto —susurré contra su espalda, guiando mi
polla para encontrar su vagina. La carne estaba tan caliente que quemaba
cuando nos tocábamos.Escuché mi propio grito cuando golpeé
profundamente dentro de ella y comencé a follarla. Mis manos se
apoderaron de sus caderas, apretándola, tirando de ella con fuerza hacia
mi eje, una y otra y otra vez. El sonido de nuestros cuerpos golpeando en
medio de gruñidos de placer fue lo único que se escuchó después.
Estuvimos haciéndolo mucho tiempo. Necesitaba sacar esa pesadilla
de mi sistema y follarla era para mí una forma de hacer que eso sucediera.
Si puedes follar, entonces estás vivo, la lógica brutal era difícil de diferir en
ese asunto.
Fue sexo duro, incluso para nosotros. Y Paula podía aceptar lo
duro de mí. Lo había hecho antes y lo haría de nuevo, porque yo nunca la
dejaría marcharse. Nunca. No podía hacer las cosas que hacía con ella con
nadie más. Sabía que no sería capaz de hacerlo.
Lo comprendí más tarde, en la oscuridad, después del viaje de sexo
loco al que la había arrastrado, y después de que ella cayó en un profundo
sueño a mi lado. Se corrió tantas veces que terminó desmayándose de
cansancio cuando finalmente me logré detener. Nunca me pidió que me
detuviera, sin embargo. Mi chica se entregó a mí y no presionó por
respuestas. Mis entrañas seguían revueltas después de mis pesadillas.
Quería encender un cigarrillo, pero me controlé. Se sentía mal en
consideración a ella. Estaba mal someterla a mi insalubre tabaco y no
pensaba hacerlo cerca de ella, nunca más.
Mirándola dormir luego de la sesión, su respiración metódica, sus
largas pestañas descansando encima de los pómulos,su cabello
arremolinándose violentamente sobre la almohada, me dejo totalmente sin
aliento. Supe que había encontrado mi ángel por fin y me aferraría a ella
con todo lo que tenía.

Fue sólo una pesadilla…

Ella me salvo de la locura absoluta de mi tormento. Me hizo querer
cosas que nunca había querido antes. Mataría si tenía que hacerlo para
mantenerla a salvo. Me mataría a mi mismo si algo le sucediera.
Eventualmente, fui capaz de dormirme otra vez y era solo porque ella
se encontraba allí conmigo.

CAPITULO 60



—¡Pedro! Bebé, despierta. Estas teniendo un mal sueño —La dulce
voz encontró mis oídos y unas manos suaves me tocaron.
Me levanté jadeando, la conciencia me arrancó en un estado de
hiper-alerta. Sus manos se alejaron mientras me estrellé en la cabecera de
la cama y aspiré oxígeno. La pobre Paula, con ojos muy abiertos
mirándome horrorizada mientras se sentaba conmigo en la cama.
—¡Oh, mierda! —Jadeé, aceptando la realidad de donde estaba.
¡Respira, hijo de puta!
Había hecho esto muchas veces. Solo era una pesadilla. No era real.
Pero aquí me encontraba sentado, perdiendo el control magníficamente
delate de mi chica.  Sentí que iba a enfermarme.
Ella alargó la mano de nuevo, el frío toque de su mano en mi pecho
me trajo a la tierra, trayéndome de regreso a aquí y ahora. Paula está
justo aquí cerca de mí en la cama, no en ese jodido sueño otra vez. Yo
seguía trayéndola a mis pesadillas. ¿Por qué diablos hacía eso?
Se acercó más y agarré su mano en mi pecho, necesitando su toque
como un salvavidas.
—¿Qué fue eso, Pedro? Gritabas cosas y lanzabas golpes por todas
partes en la cama. No podía despertarte…
—¿Qué te dije? —La interrumpí.
—Pedro —dijo con dulzura, buscando mi rostro, sus dedos rozando
mi mandíbula.
—¿Qué te dije? —grité, agarrando su mano y manteniéndola fuera de
mi cuerpo, sintiendo la urgencia de vomitar al pensar en lo que podía
haber salido de mi boca. Se estremeció de nuevo y mi corazón se rompió
por asustarla, pero tenía que saberlo. La miré fijamente en la oscuridad y
traté de inhalar el oxígeno suficiente para llenar mis pulmones. Un
ejercicio casi inútil, sin embargo. No había suficiente aire en todo Londres
para satisfacerme justo ahora.
—Tú estabas diciendo sin video una y otra vez. ¿Qué significa eso,
Pedro?
La sabana había caído hasta tu cintura, dejando al descubierto sus
encantadores pechos desnudos en el resplandor de la luna colándose a
través del traga luz. Vi una cautela en sus ojos mientras ella apartó su
mano de mi apretón y lo odie. La deje ir.
—Lo siento. Yo… tengo sueños a veces. Perdón por gritarte. —Di un
vuelco fuera de la cama y entré al baño. Me aferré al fregadero y dejé el
agua fluir sobre mi cabeza, enjuagué mi boca y bebí del grifo. Mierda,
necesitaba superar esta mierda —esto no estaba bien. Tenía que ser fuerte
para ella. Todas estas cosas eran historia pasada y sepultada. Esto no era
bienvenido en mi presente y seguro como el infierno que no en mi futuro
con Paula.
Sus brazos me envolvieron desde atrás. Pude sentirla desnuda
contra mi espalda y eso despertó a mi polla. Presionó sus labios en mis
cicatrices y las besó. —Habla conmigo. Dime lo que soñabas. —Su suave
voz venía cargada con una determinación de acero, pero no había manera
de que pudiera adentrarla en ese lío torturador
De ninguna jodida manera ella iría ahí conmigo. No le quitaría su
inocencia.
—No. No quiero hacerlo. —Miré al espejo sobre el fregadero y me vi a
mí mismo, el agua goteaba de mi pelo, los brazos de Paula envueltos a
mis costados, descansando sus manos en mi pecho donde mi corazón
palpitaba con fuerza sin piedad de una inmensa pesadilla de todo tipo de
mierda. A pesar de todo, ella me abrazaba, abrazaba mi corazón en sus
hermosas manos. Me había seguido aquí para consolarme.
—¿Qué video, Pedro? Gritabas sobre un video.
—¡No quiero hablar de eso! —Cerré mis ojos al sonido de mi voz
contra la suya, odiando la ira en ella, odiando que tuviera que verme así.
—¿Fue por mi culpa? ¿Es por mi video? —Apartó sus manos y se
retiró de mí—. Dijiste que nunca lo viste. —Podía oír el dolor en su voz e
imagine donde su mente iba con este escenario. No podía estar más
equivocada.
La perdí entonces, total y completamente, temeroso de que ella no
pudiera confiar en mí, aterrorizado de que podría dejarme otra vez. Me di
la vuelta y tiré de ella con fuerza. —No, nena. No es eso. Por favor. No es
eso. Soy yo… del pasado… un mal momento para mí en la guerra.
—Sin embargo, no me lo dirás. Porque no puedes decir lo que te
pasó…. Es por tus cicatrices. ¿Pedro?
Trató de apartarse, de poner distancia entre nosotros, pero el
infierno se enfriaría si se lo permitía. —No, Paula, te necesito. No te
alejes de mí.
—Yo no…
Interrumpí sus palabras con mi boca contra la suya, adueñándome
de ella con mi lengua tan profundo que todo lo que podía hacer era
tomarla. La levanté y me tambalee en la cama con ella. Tenía que estar
dentro de suyo, en todas las maneras. Necesitaba una confirmación de que
se encontraba aquí, que yo estaba vivo, que ella estaba segura a mi lado….
Que yo estaba vivo… que ella estaba a salvo… que yo estaba vivo…
—Nena, eres tan hermosa y buena para mí. Eres todo para mí,
¿entiendes? Dime que me deseas. —Balbuceaba mientras empujaba sus
piernas abiertas con mis rodillas y adentré dos dedos en su calor húmedo.
Empecé a acariciarla, esparciendo todo el esperma de antes alrededor y
sobre su clítoris como a ella le gustaba.
—Te deseo,Pedro—respondió entrecortadamente,su sexo
calentándose para mí, listo para tomarme. Dios, luché con el filo de la
navaja del control cuando se puso toda sumisa conmigo. Era lo que más
me excitaba, incluso aunque esta era la primera mujer con la que yo
funcionaba así.
—Dime que me dejarás tener todo de ti. Cada parte. ¡Lo quiero todo,
Paula!
—Te voy a dejar —Lloró—. Estoy aquí.
Me hundí en su boca otra vez, profundo y completo con mi lengua,
mis dedos se movían dentro de su coño, consiguiendo que se humedeciera
más.
—Tu boca es mía, cuando envuelves esos labios de frambuesa
alrededor de mi polla y me chupas —Ella se movió debajo de mí. Me
arrastré de sus labios para adherirme a su pezón. Lo mordí lo suficiente
para obtener un gemido de ella, chupé profundo para después retroceder y
hacer lo mismo con el otro seno—. Tus hermosos pechos me pertenecen
también. Cuando los muerdo y chupo y te vuelvo loca.
—Oh, Dios…
Me moví por su cuerpo, mis dedos todavía en ella, deslizándose por
su coño, acercándola más al clímax. —Este dulce manjar de coño es
siempre mío, cuando lo lleno con mi polla y vaciándole una carga de mi
semen dentro—susurré, hablando más sucio y estaba seguro de que ella
estaba más caliente.
Se retorció y rodó su cabeza y me encantó que estuviera volviéndose
loca.

CAPITULO 59




Mierda. Lo iban a hacer. Mi corazón comenzó a bombear de miedo
como nunca lo había hecho antes, la adrenalina corría por mis venas
cargadas a través de mi cuerpo. Había esperado que esto ocurriera. En el
fondo yo sabía que pasaría, pero para salvar mi cordura intenté no pensar
en ello. La negación funcionó por un tiempo, pero el tiempo ya había expirado.
—¿Estás listo? —me pregunto él. La criatura quien hizo la pregunta
era la única que quería destripar, y dejarlo desangrarse lentamente. El único quien habló sobre ELLA. Él único quien se burló todo el tiempo de hacerle daño a ella.
¡MIERDA NOOOOO!
Negué con la cabeza mientras él avanzaba hacia mí, su cara muy
cerca, el humo de su cigarro enrollado en su mano girando tentadoramente, haciendo mi boca agua. Era divertido como podía desear un cigarro en un momento como este, pero lo hice. Le abría quitado el cigarrillo de su jodida boca para meterla a la mía si hubiera podido.
Mis brazos estaban inmovilizados de atrás por otro hombre y me tapó
la nariz. Traté de contener mi respiración y escaparme, pero mi cuerpo me
traicionó. Al segundo que jadee en una respiración él derramó algo vil en mi garganta. Traté de evitar que el elixir descendiera, pero otra vez mi cuerpo tomó el control en una función básica para mantenerme respirando. Qué irónico. 
Me estaban drogando con el fin de ejecutarme… Así que no iba a pelear en el proceso… Así ellos podían filmar mi muerte y mostrárselo a todo el mundo.
No ¡No! ¡NO!
Pelee con todo lo que me poseía, pero él solo se rió de mis esfuerzos.
Sentí las lágrimas exprimirse de mis ojos, pero yo estaba seguro de que no
estaba llorando. Nunca lloré.
Él ladró la orden y entonces lo vi. La cámara. Un subordinado sentado
en una trípode mientras yo comenzaba a dejar las lágrimas rodar mientras
el opio comenzó a apoderarse de mí.
Noté que realmente lloraba.
Pero no por las razones que ellos pensaban. Lloraba por mi papá y por
mi hermana. Por mi chica. Ellos podrían ver esta…. cosa…. matarme. El
mundo entero podría verlo. Ella podría verlo.
—¡Preséntate! —ordeno él.
Negué con la cabeza y gesticulé a la cámara. —¡Sin video! ¡Sin VIDEO
hijo de puta! SIN PUTO VIDEO…
El dorso de la mano a través de mi boca fue tan brutal que me calló
por la fuerza del golpe. Él ladró otra orden a él único con la cámara de video quien dirigió la lente a mí y la etiqueta se leía en vacilante Ingles:
“Alfonso, Pedro. SAS capitán. Dos, nueve, uno, cinco, cero, uno”
Se dirigió a mí de nuevo, esta vez sacó un Khukri de su vaina. La hoja
era curvada y afilada finamente. Incluso con mi debilidad de reaccionar a lo que venía por las drogas, pude ver que la herramienta estaba bien
preparada para el trabajo que se encontraba a punto de hacer.
Pensé en mi madre. La quise toda mi vida y ahora más que nunca. Yo no era valiente. Me encontraba asustado hasta la muerte. ¿Qué podría sucederle a Paula? ¿Quién podría protegerla de ellos una vez que me haya ido?
Oh, Dios…
—Sin video. Sin video. Sin video. Sin video —Era todo lo que podía
pronunciar. Y si el sonido ya no era una expresión capaz a través de mi
boca, entonces sería la única cosa en mi mente junto con—: Lo siento, Papá. Luciana, Paula… Lo siento tanto…

CAPITULO 58


Me incliné hacia ella y la besé lento y dulce por su respuesta, pero
mi corazón latía fuerte y rápido. Dios, amaba cómo estaba conmigo, tan
suave y seductora aceptándome.
Amaba muchas cosas acerca de ella.
Le di la vuelta sobre su estómago y desabroche su bonito sujetador
mientras me deshacía de la tanga. Capturé su imagen y exhalé, arrastré
mis manos por su espalda, las caderas, las mejillas de su bonito culo y
luego de vuelta otra vez.
Una vez que ella se encontraba desnuda, me calmé un poco y bajé
lentamente. Dejé mi ropa y me tendí a su lado. Volvió su cara hacia mí y
nos miramos el uno al otro.
Tome su broche para el cabello y se lo quite, extendiendo su pelo por
su espalda y los hombros. Paula tenía el pelo largo y sedoso. Amaba
tocar y arrastrar los dedos a través de sus mechones. Amaba caía en su
pecho cuando se encontraba encima de mi polla, saltando sobre ella.
Amaba agarrar un gran mechón de su cabello y apretarlo mientras me la
follaba y llegaba a un orgasmo demoledor gritando mí nombre.
Pero no hice nada de eso esta noche. En su lugar, la excité más
lentamente y con cuidado, entrando en todos los lugares con mi lengua y
mis dedos, haciéndola correrse una y otra vez antes de desnudarme y
enterrar mi polla en su interior.
Nos adaptamos muy bien. El sexo con ella me rompía hasta mis más
profundos niveles de complejidad; Incluso si Paula no era consciente, yo
lo era. Ni siquiera sé lo que le dije a ella durante el calor de ello. Le digo
todo tipo de cosas debido a que a le gusta que hablé sucio. Me lo dijo. Es
una maldita buena cosa también, porque no puedo evitarlo. Los filtros
entre mi cerebro y mi boca son más o menos inexistentes.
Todavía no sabía lo que le dije después del orgasmo explosivo que
tuve, me sentía tan agotado que empecé a adormilarme aún enterrado
dentro de ella y esperando que me dejara permanecer ahí por un tiempo.
Pero lo supe cuando dijo—: Te amo también.
Mis ojos se abrieron de inmediato y me quedé en la oscuridad
abrazándola. Repetí el sonido de esas palabras una y otra y otra vez.

CAPITULO 57




El pollo al parmesano en mi boca estaba perfectamente preparado
con una carne suculenta, salsa sabrosa y especias, pero la compañía que
se sentaba frente a mí en mi mesa era aún mejor.
Observé que ella lo preparaba mientras yo trabajaba desde mi
portátil. Más o menos. Me hubiera gustado ir hasta ella y ponerla en la
barra de la cocina, pero me conformé con mirarla de reojo y sonreírle de
vez en cuando. Disfruté mucho de los sonidos de su trabajo en la cocina.
Era una sensación agradable junto con los deliciosos olores procedentes de
la habitación en la que rara vez pasaba mucho tiempo. El olor de nuestra
cena, la cual Paula preparó con sus cariñosas manos.
Algo bastante sexy si me preguntas.
Era diferente a lo que Maria hacía por mí, una empleada que
limpiaba y cocinaba cosas y las etiquetaba en el congelador. Esto era algo
real. Son cosas que la gente hace porque le importas, no porque les
pagues.
Tener una mujer en la cocina de mi casa cocinando para mí también
era una experiencia. Pero me encontraba bastante seguro de que podría
acostumbrarme a esto. Genial. Paula me enganchó. Brillante, sexy,
hermosa, hábil, una maldita buena cocinera, y más mucho mejor en mi
cama. ¿He mencionado sexy y hermosa? Pensé en la hora de acostarnos
para más tarde.
Di otro mordisco y saboreé el sabor. Tenía el pelo recogido con una
pinza y un profundo escote en su blusa carmesí que atraía mi mirada
hasta sus deliciosos pezones que gritaban por mi boca. Algunos largos
mechones de pelo se le habían deslizado de su pinza y caían en olas en su
escote. Mmmmm... delicioso.
—Me alegro de que pienses así. Esto es muy sencillo de hacer —dijo.
Vi su boca y los labios mientras tomaba un sorbo de vino, me sorprendió
totalmente darme cuenta que hablé en voz alta y me alegré de que pensara
que yo hablaba de la comida.
—¿Cómo aprendiste a manejar la polla tan bien? —solté—. ¡Me
refiero al pollo!
Ella rodó los ojos y negó con la cabeza.
Le di una sonrisa y un guiño. —Tú haces ambos tan bien, nena, en
mi polla y la parte de cocinar.
—Idiota —me regañó—. He visto programas de cocina y aprendí. Mi
padre me dejó experimentar con él después del divorcio. Puedes
preguntarle sobre cuando empecé a cocinar. —Se echó a reír y clavó otro
bocado de la cena y se lo metió en la boca—. ¡Pero es mejor no preguntarle
acerca de cuando empecé a follarte!
Me reí de mí mismo y bajé la cabeza. —No todos han estado buenos
como esta comida que has hecho esta noche, ¿entonces?
—Ni siquiera cerca. Mis primeros intentos fueron terribles, y papá
pagó el precio. Sin embargo, nunca se quejó.
—Tu padre no es ningún tonto, y te ama mucho.
—Me alegro de que ustedes dos hablaran. A él realmente le gustas,
Pedro. Te respeta mucho. —Me sonrió.
—Ahhh, bueno, yo siento lo mismo por él —Vacilé antes de
mencionar a su mamá, pero pensé que debía hacerlo—. No creo que tu
madre esté muy impresionada conmigo, sin embargo. Lo siento. Pensé que
era mejor presentarme y decirle lo que yo estoy haciendo en tu vida, sin
embargo, probablemente pude decirlo con más tacto.
Ella negó con la cabeza. —Está bien. Dijo que se alegra de que estés
cuidando de mí y que parecías decidido a asegurarte de que nada pasara...
Noté cuando le falló su voz y no quería nada más que tranquilizarla,
pero esperé a que terminara.
—Cree que estás obsesionado conmigo —Paula jugueteó con su
pollo.
Me encogí de hombros. —No me contuve con ella, es cierto. Le dije a
tu mamá lo que siento por ti.
Me sonrió. —Me contó eso también. Fue muy valiente de tu parte,
Pedro.
—Decir la verdad no es ser valiente, es esperado —Sacudí mi
cabeza—. Es importante para mí que tus padres sepan que no estoy sólo
para proporcionar seguridad a su hija —Llevé una mano hacia ella—. Es
importante que lo sepas también, Paula, porque eres mucho más para
mí.
Ella puso su mano en la mía y me dio un apretón, cerrando los ojos,
mientras mis dedos se encontraban en torno a los delicados huesos de la
mano. La misma mano encantadora que preparó mi cena de esta noche, y
me ato la corbata esta mañana. La misma mano que acariciaría mi cuerpo
cuando me la llevara a la cama dentro de poco.
—Eres muy bueno, Pedro.
Sentí esa posesividad otra vez. Juraría que funciona como un
interruptor. Un minuto toleraba bien nuestra situación, o creía que lo
hacía, y entonces ella decía algo, ni aludo, y bam, solo pensaba en follarla.
Sus palabras eran todo lo que necesitaba oír. Me levanté de la silla y
la levanté conmigo, levantándola con mis brazos y sentí esas largas
piernas envolviéndose alrededor de mi cintura para que pudiera llevarla
del comedor al dormitorio.
Sostuvo los lados de mi cara y me besó locamente todo el camino en
que la lleve. No me quejo. Me encantaba cuando ella estaba excitada. Y
Paula podría ser así.
Gracias. Joder.
Le quite el top de su parte superior y su ropa inferior, sin esperar el
juego previo de quitarse la ropa, necesitaba ver su cuerpo lo antes posible,
estaba totalmente perdido. Llevaba un sujetador violeta y un tanga negra.
Gemí. —¿Qué estás tratando de hacer, mujer, matarme?
Ella sonrió y sacudió lentamente la cabeza de un lado a otro. —
Nunca —susurró.

martes, 25 de febrero de 2014

CAPITULO 56





Recogerla del trabajo era algo que esperaba con interés y
hoy no fue la excepción. Todo fue bien hasta cuando
llegó un texto a su móvil. Ahora simplemente parecía un
viejo desesperado en ir a mirarla.
Me detuve dentro de The Rothvale, me estacioné y vi las puertas
desde donde ella saldría del edificio, la conversación con mi primo todavía
persistía en mí desde que habíamos hablado, y honestamente infectó mi
imaginación con toda clase de locura, ¡¿Matrimonio... en serio?! ¿Qué tal
una relación exclusiva, comprometidos para empezar?
La idea de casarme con alguien nunca había estado en mi lista de
vida. Yo no veía un futuro en mis cartas y nunca lo tuve. La propia
institución tenía mi mayor respeto, pero con toda probabilidad, a una
persona con mi estilo de vida, el resultado sería, sin duda un fracaso épico
como marido. Había tanta mierda en mi armario, demasiada, que apenas
podía tener un tiempo para hacer cosas normales.
Mi hermana se encontraba casada, y muy feliz, con tres hermosos
hijos. Luciana y Angel eran una pareja estándar, supongo, yo nunca
pensé en ello. Mi hermana tenía un camino doméstico y bendijo a nuestro
padre con sus nietos, y básicamente ya no tenía que competir. Quiero
decir, Luciana lo hizo tan bien que no era necesario para mí sentir la
presión.
Decidí llamarla mientras esperaba a que Paula saliera. Sonreí
cuando contesto al segundo timbrazo.
—¿Cómo está mi hermanito?
—Perdiendo su mente con el trabajo —le dije.
—Su mente no es lo único que está perdiendo, o eso me han dicho —
Luciana podría ser muy presumida y molesta cuando le daba la gana.
—¿Así que papá ya te contó el chisme, verdad?
—Está preocupado por ti. Me dijo que nunca te había visto así, ni
siquiera cuando llegaste a casa de la guerra.
—Umm. No debí haber ido allí y dicho todas esas cosas. Soy un
idiota por hacerlo. Voy a hacer las paces con él de alguna manera.
Entonces, ¿cómo están las cosas con mi hermana mayor?
—Buen intento, Pepe, pero no caeré en tu juego. Mi hermano
finalmente se enamora de alguien ¿y crees que dejaré pasar un chisme así
de jugoso? ¿Por quién me tomas? Los dos sabemos quién es el hermano
más inteligente aquí.
Suspiré a mi hermana. —No voy a discutir contigo ese punto, Lu.
—Guau. ¿Realmente has cambiado?
—Sí, supongo. Espero que sea para bien. Y que papá pueda dejar de
preocuparse por mí, estamos de nuevo juntos, así que ahora ya no soy la
criatura miserable y rota que vio la última vez.
—¿Has estado leyendo poesía, Pedro? Suenas diferente.
—Sin comentarios —dije con sarcasmo—. Escucha, me preguntaba
si podía llevarla hasta tu casa para un fin de semana. Creo que a Paula
le encantaría Halborough y prefiero sacarla de la ciudad por unos pocos
días. ¿Pueden tú y Angel acomodarnos ahí?
—¿Por ti? ¿Para tener la oportunidad de conocer a esa americana
que ha transformado a mí distante y pequeño hermano ñoño, cursi,
enfermo de amor, y bebedor de cervezas mexicanas? No hay problema.
Me eché a reír. —Bien. Hazme saber la fecha, Lu. Quiero que todos
la conozcan, y su encantadora casa sería el lugar perfecto para hacerlo. Y
echo de menos a los niños.
—Ellos extrañan a su tío Pedro. Bueno... Voy a verificar los libros y
les hare saber cuándo. Estará más ocupado con los juegos que vienen.
—No hace falta que me digas eso. ¡Toda la ciudad se ha vuelto loca y
sólo estamos en junio!
Colgamos y miré por la ventana esperando por Paula. Saqué su
móvil del bolsillo y abrí el texto que había arruinado mi día pacifico. Algún
chico llamado Ale Craven del Museo Victoria & Albert al que me
encantaría convertirlo en un eunuco:

Paula, fue adorable verte hoy. Espléndido en el
Mallerton, también. Me gustaría mucho llevarte a cenar y
discutir más a fondo la forma en que podemos obtenerte en el
equipo. No sabía que modelabas ¡pero ahora que he visto las
fotos debo saber más! –Ale.

Estoy seguro de que me iba a rebanar una parte de la lengua por
rechinar los dientes. El impulso de responderle el mensaje era algo que
ansiaba tanto que podía saborearlo en la sangre de mi boca, una línea
larga:

Vete a la mierda, tú idiota inútil. Ella ya ha elegido
y su hombre te cortara las pelotas si tan solo piensas en
ella desnuda. -Pedro con un gran cuchillo.

Por supuesto que no lo hice, pero por poco.
Dios, ¿cómo comportarme? Mi sangre no era buena para este tipo de
cosas. Los celos me consumían y con Paula los tenía en exceso. Es
inevitable cuando ella es tan hermosa y además se exhibe. Necesitaba más
tranquilidad y yo estaba bastante seguro de que ella no tenía en mente
darme más por el momento.
La puerta del pasajero se abrió y ella entró, dejándose caer en el
asiento, se sonrojó de un momento a través de la llovizna que había
empezado desde que me había estacionado. Sonrió y se inclinó hacia mí
para darme un beso.
—Bueno, ahí lo tienes —le dije y la apreté contra mí. Su piel, un
poco fría, pero sus labios eran cálidos y suaves para mí.
¡Joder, sí, para mí!
Saqueé su boca y sostuve su cara frente a la mía, alegando con mi
lengua profunda para que así pudiera sentir lo mucho que la quería. Ella
permitió la invasión al principio y no la deje hasta que chilló, diciéndome
que tenía que retroceder. La solté y se inclinó hacia el lado de mi asiento
para que pudiera mirarla.
—Lo siento, esa fue la pequeña bestia que hay en mi —Le di mi
mejor mirada castigada.
Su rostro cambió y mis ojos buscaron su mirada. Cristo, era
hermosa. No es de extrañar que el ese hijo de puta llamado Ale la quisiera
desnuda. Yo la quería desnuda. ¡Quería follarla justo ahora! Hoy su cabello
caía suelto y tenía una chaqueta de color verde oscuro y una bufanda. El
color era precioso en ella, combinaba con el verde y avellana de sus ojos y
tenía unas pocas gotas de lluvia esparcidos en su cabello.
—¿Qué está mal, Pedro?
—¿Por qué piensas que algo está mal?
—Es sólo una corazonada —Sonrió—, y tu lengua jodiéndome lo
confirmó.
Negué con la cabeza. —Solo te extrañaba, eso es todo. ¿Cómo estuvo
tu almuerzo con los colegas que querías impresionar?
—Fue impresionante. Tuve que contarles sobre la restauración de
Lady Percival y les di un buen gancho para que me recuerden. Espero que
algo venga. Tal vez así sea —sonrió—. Y te lo debo todo a ti. —Me dio un
beso en los labios solo una vez y me tomó de la barbilla con su mano.
Traté de devolverle la sonrisa. Creo que lo hice, pero al parecer soy
muy malo en fingir mis sentimientos tanto como soy muy malo en tratar
con mis celos. Oh algo vendrá de ahí, nena. ¡Ale Craven obtendrá una
erección y el gancho será recordar tus fotos desnuda, no el alma de Lady
Percival sosteniendo su raro y precioso libro! Pinturas Mallerton se puede ir
a la basura ¡pero él quiere a Paula Chaves en su polla!
Suspiró ante mí. —¿Vas a decirme qué está mal? Sólo gruñes y estoy
bastante segura de que gruñir no es una señal universal de la felicidad y
armonía. —Lucía muy molesta conmigo.
—Esto tiene que ver con algo que pasó antes. —Dejé el móvil en su
regazo con el texto en la pantalla.
Lo recogió y lo leyó, tragó una vez y luego miró a un lado de mí. —Te
pusiste celoso cuando lo viste. —No era una pregunta.
Asentí con la cabeza hacia ella. Más vale dejar salir todo el asunto
aquí mientras estábamos en ello. —Él quiere follarte.
Todos los hombres lo hacen cuando ven tus fotografías desnudas. Yo
no era estúpido como para decirle eso a ella, pero hombre, estoy seguro de
pensarlo que si quería. ¡Era la cruda verdad!
—Lo dudo mucho, Pedro.
—¿Es gay, entonces?
Se encogió de hombros. —No creo que Ale sea gay, pero realmente
no lo sé.
—Entonces, definitivamente quiere follarte —dije tristemente por la
ventana ahora cubierta con llovizna y el estacionamiento con un estado de
ánimo en perfecta armonía con lo que sentía.
—Pedro, mírame.
El tono de su orden me sacó de mi estado de ánimo. Y me puse
duro.
Miré a mi chica, quien llego a significar tanto para mí en tan poco
tiempo y me pregunté lo que quería decir. No sabía cómo compartirla, o
cómo no ser celoso, o cómo ser el acompañante educado de una modelo de
desnudo artístico y que otros hombres sólo querían babear o fantasear
sobre follar. Yo no sabía cómo ser ese hombre.
—Ale Craven no es un él.
Paula apretó sus labios para no reír abiertamente. No importaba.
Me alivió lo suficiente como para tomar sus bromas y algo más.
—Oh —Logré decir, sintiéndome muy, muy tonto—, pues bien, tienes
que ir a cenar con Ale Craven y te deseo mucha suerte, nena. Ella
realmente suena como si quisiera contratarte —asentí.
Se rió de mí y dijo—: Te preocupas demasiado, bebé.
Me incliné hacia sus labios, pero no los toqué. —No puedo dejar de
preocuparme, y me encanta cuando me llamas bebé —La besé de nuevo,
esta vez no como un Neanderthal, pero si cómo debí haberla besado en
primer lugar. Enrosqué mis dedos alrededor de su cabeza y traté de
mostrar lo que significaba para mí. Me aparté lentamente mordisqueado
un poco el labio inferior, colocando mi mano a un costado de su cara y
cuello—. Quiero llevarte a casa ahora. A mi casa. Lo necesito...mucho.
Esperé que ella supiera que era mi versión de una solicitud. Yo le
pedí que trajera ropa suficiente para unos días, pero no podía estar seguro
de que en realidad lo hubiera hecho. La quería conmigo todo el tiempo. No
podía explicar este profundo deseo... un requisito de tenerla ahí para mí,
hablar y tocarla. Y joder. Me convertía en un bastardo necesitado, pero
simplemente no me importaba nada, y tener que presionarla era
difícilmente molesto.
—Está bien, tú casa esta noche —Llevó una mano a mi pelo y lo
acarició, mirándome otra vez con sus ojos inteligentes. Juro que me podía
leer como un libro abierto y me pregunté por qué me aguantaba. Yo
esperaba que fuera porque comenzaba a amarme de nuevo, pero odiaba
reflexionar mucho porque siempre vuelvo a... ¿y si ella no lo hace?
—Gracias —Tomé su mano de donde me sostenía y la lleve a mis
labios para besarla. Alcé los ojos para ver su reacción y fui muy muy feliz
de ver la sonrisa en ella. 
Le devolví la sonrisa y puse el coche en marcha.
Ahora llevaría a mi chica a casa a solas, donde podía conseguir las cosas que realmente quería hacer con ella.

CAPITULO 55




Paula me envió un mensaje alrededor de una hora más tarde:

¡¿Hblste con mi madre?! :O

Oh, hombre. Mamá ya se lo había contado. Esperaba que no
estuviera en demasiados problemas. Le contesté:

Sí, nena. Llamó a tú viejo móvil y no estaba contenta
cuando contesté :/

Brynne contestó de inmediato:

Siento que hays tenido que tratar c/ ella. Te recmpnsré.
♥♥

Tuve que sonreír a eso. Escribí:

Me dste 2 ♥’s!! Acpto tu oferta, nena… y no stuvo tan
mal.

Imaginé que una pequeña mentira piadosa respecto a su madre no
la heriría. Esa mujer no era agradable.
Hubo una pequeña pausa antes de que respondiera, pero valió la
pena cuando llegó.

Causste una gran impresión. Te cuento sta noche. Tengo
que ir a ese almuerzo ahora. 
Te xtraño… bebé xxx ♥

Acaricié las palabras en la pantalla, no queriendo cerrar el mensaje.
Me llamó bebé. Dijo que me extrañaba. Me dejó besos y corazones. Traté
de leer entre líneas, pero aun así era difícil no hacerlo. Simplemente quería
lo que quería y no quería esperar ni un momento más.
Mis reflexiones fueron interrumpidas cuando Francisca llamó y me
recordó que, efectivamente, tenía una empresa que dirigir. —Tengo a Tomas
Everley en línea para ti —dijo por el altavoz.
La dije que me lo pasara y lo cogí. —Estás en problemas otra vez,
¿no? —dije sarcásticamente.
—Otra amenaza de muerte llegó, Pepe. Esta vez de la Oficina Mundial
de Tiro con Arco. No me importa una mierda, pero esos idiotas de la
Comisión Olímpica no me asegurarán un lugar para anunciar la
competición sin  alguna garantía tuya. La verdadera locura está
gobernando estos juegos, te digo, y no tengo tiempo para esta mierda.
—No lo sé. Hablaré con ellos pero creo que deberíamos reunirnos y
revisar el horario para así poder asegurarte un equipo de seguridad —le
dije.
—¿En qué estás pensando?
—No lo sé, ¿un almuerzo? Puedo hacer que Francisca arregle algo
para cuando estés libre.
—Eso debería funcionar. Estoy muy agradecido por ti, Pepe, o no creo
que pudiera presentarme a los juegos en absoluto. Tu compañía calma a
esos idiotas organizadores.
—Hablando de idiotas que organizan las cosas… Tomas, me acabas de
recordar algo. ¿No estabas en el consejo ejecutivo del National Gallery?
Tomas bufó. —Seh, algo así. ¿Por qué? Y haré como que no me acabas
de insultar porque soy así de generoso… y eres familia.
—Vale, primo. —Rodé los ojos—. Mi novia estudia conservación del
arte en la Universidad de Londres. Es Americana y necesita una visa de
trabajo para quedarse aquí definitivamente.
—Espera. Retrocede el culo. ¿Acabas de decir tu “novia”? ¿El
escurridizo Alfonso está fuera del mercado? ¿Cómo es eso posible,
amigo?
Debería haber sabido que sería hostigado nada más abrir la boca.
Me reí un poco incómodo. —Apenas lo sé, pero sí, es brillante en la
restauración de pinturas y realmente ama lo que hace. Y de verdad que no
quiero que su visa expire…
—Te he oído, Pepe. Preguntaré. Está este próximo evento en el National.
The Mallerton Society…
—Oh sí, me contó sobre eso. La voy a llevar. Ha estado trabajando
en una de las pinturas de Mallerton. Sé que Paula puede explicarlo
mucho mejor que yo. Te la presentaré y verás a lo que me refiero.
—Espero con gran interés conocer a la belleza Americana qué sacó
tu polla de ese circuito de una-sola-noche.
—Por favor, no digas eso cuando la conozcas o tendré que ignorar
todas esas encantadoras amenazas de muerte que recibes con regularidad
de tus fieles seguidores.
Se rió de mí. —Sabes, Pepe, si la quieres aquí indefinidamente todo lo
que tienes que hacer es casarte con ella y no necesitará una visa de
trabajo.
Mi mente obtuvo un sobre exceso cuando dijo las palabras “casarte
con ella”, y me encontré buscando otro cigarrillo del cajón del escritorio.
—Fingiré que no acabas de decirme eso, incluso aunque no debería
sorprenderme, eres un ignorante. Tú, de todas las personas que no apoyan
el matrimonio; es la cosa más hilarante que te he escuchado decir en todo
el año, o debería decir, de tu jodida vida.
Mi primo se rió un poco más a mi costa. —Sólo porque el
matrimonio sea una inmensa cagada no significa que el tuyo vaya a serlo,
Pepe.
—Definitivamente hemos llegado al final de esta conversación, Tomas.
Estoy colgándote ahora. —Todavía podía oír su risa cuando me aparté el
teléfono del oído.